sábado, 8 de diciembre de 2012

8


Ese día ya no sentí tanto miedo. Ya había vivido la experiencia de montarme en uno de sus coches y sabía que en el fondo me había gustado.
Thomas parecía incluso más impulsivo que Jack al volante. De no ser porque fuimos dando vueltas por medio de la ciudad estoy segura de que hubiese ido más rápido que Jack. Pero comprendí que Thomas no se relajaba conduciendo a gran velocidad por el campo, sino que le apasionaba hacer el loco por la ciudad, le atraía el riesgo. “Tiene una maldita obsesión”, pensaba continuamente. Thomas se dirigió al castillo en busca de un solo propósito: bajar por la empinada cuesta por la que había subido y desafiar a las curvas que hacía la carretera. Carretera por la que, en ese preciso instante en que pasábamos por allí, caminaba mi padre como todas las tardes para hacer algo de ejercio.
A mi padre no se le escapaba una, y su vista no le falló. Mi padre y yo experimentamos la misma sensación de miedo y sorpresa. Thomas por poco le atropella.
-¡Me bajo! – Repuse cuando el coche terminó de bajar la cuesta.
-Sarah…-Jack me retuvo por el brazo.
Marga me miraba extrañada.
-¡Parad el coche, joder! – Insistí.
Thomas paró en cuanto terminé de decir la última palabra. Salí del coche en una callejuela estrecha, a las afueras de la ciudad. Mi casa me pillaba un poco lejos. Los sitios que frecuentaba también. Me acordé de que Matt vivía por allí. Una fez se fueron, me dirigí hacia su casa con la intención de darle una agradable sorpresa.
Matt vivía solo, tanto aquí como en la ciudad donde estudiaba. Había venido a pasar el verano para ver a sus amigos más que a sus padres, aunque cuidaba en secreto de ellos.
Llamé al timbre de su casa y Matt salió a recibirme al cabo de dos minutos. Matt solía hacer esperar, pero siempre me recibía con un abrazo.
-Hueles a… desodorante de hombre. ¿Y eso, Sarah? – Rió.
Matt era único. Su saludo era único. Me hacía sonreir.
-¿De veras? – Me hice la interesante.- No creo que sea mío.- Le guiñé el ojo.
-Entra; estaba tumbado en la cama pensando. – me invitó.
-¿Pensando en qué?
-En ti. – Me soltó.
“En mí”, pensé. Esa no era una respuesta muy común.
-Es broma. Quería ver tu reacción. La verdad ha sido curiosa. – Sabía que estaba improvisando.
-No te creo. Quiero decir… te creía más antes. – Fui sincera, pero lo acompañé de una risa para no incomodarle.
Sabía que Matt no iba a mencionar nada de lo ocurrido en la piscina y me alegré de que fuera así.
-Como quieras. ¿Qué hacías por aquí?- Cambió de tema.
Tuve miedo de decirle la verdad, pero no pude callarme.
-Joder, Matt. Tenía miedo, mucho. Jack… conocí a Jack en la piscina el otro día. Me gusta, o al menos intento creer que me gusta. –Hice una pausa para respirar. -A él y a su amigo les encanta conducir, pero no saben más que hacer el loco; son unos jodidos temerarios. Es la primera vez que tengo miedo, Matt, pero creo que es algo peor que eso; es la impotencia de no poder hacer nada porque Jack me gusta.
-Sin embargo, hoy te has bajado porque tú has querido. –Supuso Matt.- Sarah, tienes miedo, sí, pero tu fuerza de voluntad es mayor.
-Estoy acojonada. A veces tengo la sensación de Jack me persigue y me incita a hacer lo que él quiere.
-¿Te sentirías mejor si te besara?
Me quedé de piedra. “¿No me escucha cuando le hablo?”, pensé, “acabo de decirle que Jack me gusta”. Sin embargo, me pareció una buena propuesta.
-Hazme olvidarle al menos por un momento...
Matt no me dejó acabar la frase. Sus besos eran dulces y cariñosos como nunca los hubiera imaginado. Experimenté una sensación muy extraña… pero tenía claro que no sentía lo mismo por él como lo que sentía por Jack.
Me separé de él para enjugarme las lágrimas.
-De acuerdo, no debería haber hecho esto. – Me dijo.
-No es eso, Matt; lloro porque me da rabia saber que me gusta Jack y que no siento lo mismo por ti. Sé que somos amigos y que yo seguramente tampoco te guste, pero ojalá me hubiera enamorado de ti.
-Ey, Sarah, calma. No te preocupes, seguro que es una buena persona. - Me dijo.
-Espero. -Respondí.
Le di el último beso y le dije que le quería.

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