sábado, 8 de diciembre de 2012

13


Justo antes de salir de la habitación, me di cuenta de que Jack se había dormido. “Tenía la esperanza de que nunca durmiera, hubiera estado bien que fuese un vampiro”, pensé. No hizo falta despedirse. Al salir a la calle anhelamos el bochornoso calor del hospital; las calles estaban muertas y eso producía una mayor sensación de frío.
-Pensaba que Marc era más tímido. – Dije, divertida, refiriéndome a la señal que tenía Stef en el cuello.
-Tranquila, no muerde. – Lo defendió.
-No es lo que parece… - Continué con el juego.
-De acuerdo, por fin nos comimos la boca como Dios manda. – Dijo Stef, con sorna. – Pero no era eso lo que quería decirte…
Esperé callada su respuesta.
-No sé dónde coño se ha metido Marga. – Dijo por fin.
Resoplé. Me esperaba algo que hubiera pasado entre ellos dos, algo que mereciera la pena contar porque habría de ser un buen recuerdo.
-¿Desde cuándo? – Me paré a pensar… - O ¿desde cuándo Marga no anda metida en líos, perdida, desaparecida o haciendo locuras? – Rectifiqué.
-Hablo en serio, no sé dónde está. Antes de encontrarme con tu padre fui a su casa con tu coche porque había ido con Thomas y habíamos quedado hacía ya rato. Pero no estaba en su casa, ni en la de Thomas, y no logro contactar con ninguno de ellos dos…
-¿El qué? – Le corté. - ¿Sabes dónde vive Thomas?
-Sé dónde vive Marc y por lo tanto también dónde viven Thomas y Jack. – Aclaró tranquilamente.
-Llévame allí, quiero ir a ver la casa de Jack. – Repuse.
-¿Para qué? ¿Qué importancia tiene haber ido allí? Él seguro que prefiere estar contigo en un sitio más romántico.
– Tengo curiosidad por ir, ¿no la tuviste tú?
Stef accedió a ir para recoger a Marc.
Tardamos treintaicinco minutos en llegar hasta la condenada casa. Stef me contó que era un pequeño chalet a las afueras que habían alquilado un mes. Cuando llamamos a la puerta, Marc hizo caso omiso a mi saludo y se acercó a Stef para comerle la boca literalmente, como ella había dicho. Parecía que por fin Stef había sucumbido al poder de los besos empalagosos. Seguí hacia adelante por mi cuenta curioseando como un detective. De pequeña siempre había querido serlo.
Entré como Pedro por su casa al que parecía ser el único dormitorio. En él había dos literas y una cama suelta, ambas cubiertas por sábanas totalmente blancas. Alguna camiseta tirada por el suelo era lo único que perturbaba el perfecto orden de la habitación. Me resultó imposible averiguar dónde dormía Jack. Salí de la habitación y me reuní con Stef y Marc.
-Ah, hola Sarah. Siento no haberte saludado antes. -Se disculpó Marc.
-Ya...-Comenté sin hacer caso a su comentario. - ¿Y tú sabes dónde están?
-¿Quiénes?- Preguntó.
"Esto es como hablarle a una pared" pensé.
-Da igual, no creo que me sirvas de mucha ayuda- Contesté justo cuando Stef iba a abrir la boca para explicárselo a Marc.
-¡Sarah! No seas borde. - Me reprochó Stef.
Marc perdonó mi grosería y me propuso quedarme hasta que supiéramos de ellos.
Las dos y media de la madrugada y les dimos por perdidos. Decidí irme a casa aunque no sabía ni dónde me encontraba. La casita que Jack había alquilado con sus amigos formaba parte de una urbanización de pequeños chalets con jardín y algunos con huerto. Mi barrio quedaba relativamente cerca, pues yo también vivía por las afueras y al suroeste de la ciudad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario