sábado, 8 de diciembre de 2012

4


Pero esta vez Jack no se molestó en tomárselo mal, simplemente me dedicó una frívola sonrisa.
-Ya se te pasará. – Me dijo.
Yo le acompañé entonces por la simple curiosidad de investigar sus propósitos al haberme conocido. Todavía no confiaba en él, no estaba segura de que quisiera seguir adelante conmigo.
Jack había tenido muchas ocasiones para besarme el día anterior desde que cogimos confianza, pero solo lo hizo en dos de ellas. No era esa la razón por la que yo sospechara de él, Jack era frío y distante por naturaleza, y respetaba mis decisiones cuando se lo pedía. Por eso, desde que esquivé su primer beso, sentada en la orilla de la piscina, noté que Jack se lo pensaba dos veces antes de volver a intentarlo. Pero tampoco quería eso. Sus besos me relajaban, me hacían creer que además de ser una persona ajena y enmascarada tenía también un lado tierno que siempre me reconfortaba.
“No te dejes engañar, tú eres una chica sencilla a la que ningún chico como Jack se acercaría si no estuviera realmente enamorado o no tuviera una segunda intención”, me dije. “Pero, por eso mismo, aprovecha que Jack lo ha hecho porque podría ser el único en mucho tiempo”.
En cinco minutos de silencio llegamos al punto de encuentro.
-Hola Sarah, Jack. – Saludó Stef con timidez.
Marga aún no había llegado. Estaría viviendo una de sus aventuras amorosas con Thomas. Por aquel entonces aún no conocía muy bien a Thomas, pero intuía que era más parecido a ella que cualquiera de los otros dos.
¿Les esperamos dentro? – Sugerí.
-Entrad vosotras, Jack y yo vamos a fumarnos un cigarrillo. – Respondió Marc.
-No me gusta que fumes tanto. – Le reprochó Stef.
Y entonces mi inconsciente actuó de forma astuta.
-Os acompaño. La verdad es que yo también lo necesito. – Les dije. – Pero no me he traído tabaco, ¿me prestáis?
-¡Sarah! Tú nunca fumabas… - Gritó Stef, indignada.
Tuve que inventarme una excusa estúpida para esconder mi pequeña mentira. Pero al fin conseguí lo que quería: no dejarles ni un momento a solas. Marc y Jack aceptaron sin aparente preocupación.
Stef entró al recinto tras dirigirnos una mirada torva que nadie hubiera esperado de ella. Jack me tendió un paquete y cogí un cigarro. Ya me lo iba a meter a la boca cuando Marc me prestó el mechero y rectifiqué prendiéndole fuego antes de empezar a fumar. Improvisé mis primeras caladas como si en ello me fuera la vida. De hecho, estaba tan concentrada en hacer que pareciera real que tardé un buen rato en darme cuenta de que Jack y Marc estaban intercambiando miradas cómplices.
-¿Os estáis riendo de mí? – Intenté parecer divertida.
-¿Eso crees? – Rió Jack.
Parecía que yo era la que más interesada estaba en fumarme ese endiablado cigarrillo. Llegué hasta a pensar que llevaba fumando desde hacía tiempos inmemorables y que no podría vivir sin él. Lo cual en cierto modo demostraba mi excelente capacidad para fingir situaciones a las que no estaba acostumbrada.
Antes de que me hubiera dado tiempo a responder, Thomas apareció corriendo perseguido por Marga. Me apresuré en dar las dos últimas caladas para tirar pronto el cigarrillo. Lo hice instintivamente, como cuando no quieres que alguien te vea haciendo tal cosa que los demás consideran prohibida.
-¡Es un capullo! – Marga se hizo notar. – Estábamos enrollándonos cuando echó a correr sin más, ¡y yo sin acordarme de la cita!
Sus palabras no eran de disgusto, sino más bien de broma.
-Si quieres yo sigo. – Dijo Thomas al tiempo que se acercaba a ella.
Marga aceptó su beso de buena gana. Jack le propinó un codazo a Thomas en las costillas, cuyo significado era “ya ha sido suficiente”. El silencio parecía ser incómodo para todos excepto para mí. Por esa razón decidimos entrar de una vez. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario