sábado, 8 de diciembre de 2012

6


De repente, alguien apareció de algún inoportuno lugar para hacerme una aguadilla. Poco después comprobé que se trataba de Matt, un gran amigo mío. Matt, tan inocente como era, me retuvo más tiempo de lo que pretendía con una aguadilla de broma a modo de saludo. Tan pronto como saqué la cabeza del agua y empecé a respirar entrecortadamente y haciendo más ruido del que pretendía, Jack vino a socorrerme. Pero en vez de preguntarme si estaba bien y preocuparse por mí, Jack agarró bruscamente a Matt y le pegó un puñetazo en la mandíbula.
-¿Estás loco? ¡Déjalo en paz, es un amigo! – Intenté frenarle en vano.
Jack no respondió, hundió a Matt en el agua y salió tranquilamente de la piscina. Me di cuenta entonces de que tenía dos facetas contrarias: la primera, la impulsiva, que le obligaba a reaccionar contra la voluntad de la mayoría de la gente; la segunda, la del arrepentimiento. Creo que Jack se avergonzó de sus hechos pues después del incidente se metió al vestuario y no volvimos a saber de él en toda la mañana.
-Matt, ¿estás bien?- Saqué a Matt del agua ya que él apenas podía salir.
-¿Quién era ese mamón?- Fue su primera pregunta.
-Déjalo, él salió en mi defensa porque no entendió tu intención. –Evité hablar de Jack.
-Ya veo, pero no puedo evitar preguntarme quién ha sido– Contestó.
En ese momento agradecí que la piscina estuviera tan vacía. En realidad lo agradecí en todo momento, pero esa situación me pareció especialmente vergonzosa. El problema era Jack.
Para consolarle, acompañé a Matt a su casa. Como había traido el coche y ahora no se encontraba muy apto para conducirlo, tuve que hacer de chófer sin licencia. No, no tenía el carné de conducir. Matt casi me mata al enterarse.
Llegué a casa a las tres de la tarde. Me había olvidado por completo de Marga, Stef y sus respectivos novios, ligues, o lo que quiera que fueran. Al llegar al portal decidí no entrar en casa tan pronto. Tenía una cara de cabreo que se veía de lejos y no quería que nadie me hiciera preguntas al respecto. Fui a la cafetería de en frente, me pedí un granizado de café y me lo tomé yo sola. Tuve que reprimir las ganas de fumarme un cigarro, igual que también quería ver a Jack y proponerle otro beso. “Pídemelo cuando lo quieras”, no paraba de darle vueltas. Cabrón.
Matt era un buen amigo. Era diferente al resto de la gente, diferente a mí también, pero eso me gustaba; mucho. Él tenía muchos problemas con su familia: su padre consumía cocaína y su madre no lo soportaba, hasta que empezó a beber y dejó de preocuparse. Sin embargo, él nunca había sufrido por ello, aunque la gente de su entorno lo tachaba de raro. Tal vez lo fuera, pero eso me hacía sentirme más unida a él. Nunca solía decir eso, pero hacía tiempo que lo pensaba.
En cualquier caso, Matt no se había merecido el puñetazo de Jack.
Volví a casa con resignación y me sentí como una adolescente enrabietada. No sabía qué era lo que quería y no estaba acostumbrada a esa sensación.
Me distraje leyendo por tercera  vez “Cien años de soledad”. No es que no tuviera otros libros que no hubiese leído aún, pero esa novela me fascinaba y me abstraía del mundo.
Llegó la noche sin darme cuenta. Mis padres no se habían enterado de que había vuelto a casa y tampoco les importaba. De hecho, desde que cumplí la mayoría de edad parecía que habían hecho un pacto ellos solos para despreocuparse al fin de mí.
Oí llamar al timbre. No tenía ganas de abrir. Mi madre que por lo visto estaba cerca de la entrada abrió la puerta. Escuché que preguntaban por mí. Aunque no pude distinguir la voz, imaginé quién se fue por donde había venido tras recibir la noticia de que yo no estaba en casa. Bajé las escaleras sorprendiendo a mi madre y crucé la puerta sin decir nada.
-A veces soy invisible para mis padres, espero no serlo para ti. – Le dije a Jack.
-Sarah…
Pensé que se disculparía, pero no lo hizo.
-¿No esperabas verme? ¿Entonces por qué has venido, para quedar bien con mis padres?- Le solté.
-No he venido ni a quedar bien con tus padres ni a discutir contigo. –Aclaró.
¿Sabía Jack que Matt era mi amigo? Creo que después de pegarle lo intuyó.
-¿Quieres venir conmigo sí o no? – Me preguntó.
-Sí.

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