sábado, 8 de diciembre de 2012

1


Les conocimos un día en la piscina. Tres éramos nosotras, y tres ellos también.
-¿Os conocíais ya? – Les pregunté.
-Sí, ¿vosotras también?
-¡Qué casualidad!- Gritó Marga.
Marga era siempre positiva, esperanzada. Aquella anécdota inesperada le pareció la más grata experiencia vivida. Era extraño, en mi opinión, que cada uno de esos tres chicos se sintieran atraídos por cada una de nosotras, coincidiendo exactamente con nuestros gustos. No era la primera vez que nos habíamos fijado en ellos desde que aparecieron por el pueblo. Era una coincidencia enorme que despertaba una ligera sospecha en mí. No obstante, Jack me hacía sentir cosas extraordinarias, estaba enamorada de él.
Tanto Jack como sus dos amigos, Marc y Thomas, eran altos, rubios y fornidos. Podían presumir de ser guapos, y de hecho lo hacían. Pero eran nuestros, o más bien, nosotras éramos suyas.
Jack inspiraba temor a primera vista. Era un hombre con el que daba miedo cruzarse. Sin embargo, su sonrisa era transparente, amable. En Marc y Thomas no me fijé tanto.
Aquel primer día, sentadas en la orilla de la piscina, Jack se acercó a mí. Me preguntó mi nombre.
-Sarah. – Le dije. No esperé respuesta. Creí que me iba a preguntar si se me había caído una moneda o algo similar, no me digné a mirarle a la cara para no hacerme falsas ilusiones.
-Mírame, Sarah. – Me dijo seriamente.
-¿Qué quieres? – Le pregunté.
-Si me dieras la opción de elegir, te diría que a ti– Y me agarró descaradamente de la cintura. Hizo un amago de besarme pero yo me aparté sin pensarlo dos veces. Tenía miedo. –No importa. –Me dijo, dándose media vuelta al ver mi reacción.
-No, quédate. – Me lo pensé otra vez. Aquel chico merecía una segunda oportunidad.
Al rato estábamos hablando en el café de al lado, tomando un granizado de limón a medias.
Jack me recordaba a alguien; tenía la sensación de que ya lo conocía desde hacía tiempo y que por fin ese sueño se había materializado.
-¡Sarah! – Me saludó mi amiga Marga.
Hacía media hora que me había olvidado de ella, y a pesar del tono alegre de su voz, me sentí realmente culpable. “¿Qué estoy haciendo?”, me pregunté.
-Lo siento, Marga. Acabo de conocerle y me invitó a tomar algo…-Empecé a decir, señalando a Jack.
Marga no venía sola. Jack le guiñó un ojo a su acompañante.
-¡No pasa nada! De hecho, Stef también está hablando con un chico. Por cierto, este es Thomas. – Sonrió.
Thomas me dio dos besos con delicadeza. Me pregunté de dónde serían.
-Soy danés. – Me respondió leyéndome el pensamiento.
En ese momento entró Stef con Marc por la puerta. Me fijé en que los tres se parecían bastante, quizá eran daneses los tres, Quizá hubieran venido juntos hasta aquí. Entonces fue cuando se lo pregunté:
-¿Os conocíais ya?
La respuesta ya la sabéis. Sí, se conocían como a la palma de su mano; habían sido amigos desde la infancia, al igual que Marga, Stef y yo.
Stef era un poco más tímida que Marga y un algo más inocente que yo.
Por su forma de actuar, deduje que Marc y Thomas iban en serio con ellas, tal y como Jack me había confesado a mí.
Tras haber interrumpido nuestra improvisada cita, ambos decidimos levantarnos de la mesa y salir del cafe para hablar más distendidamente.
-¿Queréis dar una vuelta en mi coche? – Sugirió Jack.
-¿Quiénes? – Pregunté. –Somos seis. Si queréis me voy.
-Tú la primera. No creas que te voy a dejar escapar. – Me desafió con una sonrisa de hiena.
Sus palabras me daban escalofríos, pero eso me gustaba demasiado como para huir de él.
Desde que nos montamos los seis en el coche tuve la sensación de que algo no iba bien. Y eso que no era yo la que iba en la parte de atrás en la que, a pesar de haber tres asientos, se apretujaban cuatro adultos temerarios.
-Para, Jack, ¿Estás loco? – Le dije, casi gritando.
El coche iba a ciento sesenta por hora y se acercaba una curva cerrada. Hacía rato que habíamos dejado la ciudad, pero desde entonces no había parado de acelerar.
-¡Tranquila! – Se rió de mi tono histérico.
Marga se bajó eufórica. Stef simplemente se besaba con Marc. Yo tenía miedo, y sin embargo, creía que mi reacción sería de enfado, por lo que me di cuenta de que Jack había empezado a gustarme.

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