sábado, 8 de diciembre de 2012

7


Me resultaba extraño que un chico me fuera a buscar para dar una vuelta por la noche.
Caminamos en silencio hasta que llegamos al pie de las escaleras que subían al castillo. Jack no era de aquí, ¿cómo se conocía tan bien la ciudad? ¿Cuándo había llegado? Y lo que era peor: ¿cuándo se iría? No era un buen momento para preguntárselo. Prefería averiguarlo mediante otros métodos menos directos.
-¿Te hace subir?- Me preguntó Jack.
-Está bien. Me gusta la oscuridad.
-Tenemos más en común de lo que piensas.-Sonrió Jack.
No era cierto; lo sabía.
El castillo estaba oscuro y las escasas farolas creaban un ambiente misterioso. Me encantaba la noche. Subimos hasta el parque que rodeaba el castillo y nos sentamos en un banco. Sumidos en la oscuridad y únicamente observados por las aves nocturnas, empezamos a acariciarnos con suma delicadeza.
-Sé que no soy muy abierto, y que hay cosas que no te gustan de mí. Pero tú, sin embargo, eres la mujer perfecta para mí.
Jack me dejó sin palabras. Su argumento era sincero, tan sincero que me llegó hasta el corazón y se me heló el resto del cuerpo.
-Jack, yo te quiero. Pero hay cosas que desde el primer momento me han parecido demasiado ficticias, y supongo que a ti también aunque parezca que no te des cuenta. – le respondí.
Necesitaba por fin exponer mis conclusiones, aunque solo fuera parte de ellas.
-¿Qué ocurre?
-Te creo cuando me dices que me quieres, pero no puedo evitar pensar en que tal vez Marga y Stef no reciban el mismo afecto, Jack, y sabes que tus amigos son los primeros implicados en ello. Sé que cada uno prefiere un tipo de relación, más o menos estrecha, pero yo sé cómo son ellas y me preocupan. Dame una respuesta, Jack. –Por fin me desahogué.
-Sólo te voy a decir una cosa, Sarah: yo no tengo nada que ver con los sentimientos de Marc y de Thomas; yo fui el primero que propuse acercarnos a vosotras y solo sé que estoy realmente enamorado de ti y que jamás diría esto si no lo sintiera de verdad. Piensa por una vez solo en ti misma.
-De acuerdo. – Cerré los ojos y dejé que me besara.
El tiempo se paró y dejé de pensar en todo cuanto no tuviera que ver con él. Perdí la noción del tiempo y, por lo que pude comprobar cuando amaneció al día siguiente, había caído dormida en sus brazos, y él me había dejado cuidadosamente reposando sobre el banco, pues cuando me desperté ya se había ido. “Cabrón”, pensé. No era la primera vez que lo hacía.
Lo primero que hice al despertarme fue cerciorarme de que tenía todo lo que había traído conmigo. Una vez tranquila, entré a la cafetería del parque del castillo, me pedí un café y aproveché para asearme en el baño. Tenía unas ojeras terribles y la tez completamente pálida. Habría jurado que Jack era un vampiro y me había chupado la sangre.
Tardé tres cuartos de hora en llegar a casa. Cuando entré, mi madre se extrañó de verme, pero en su cara no había rastro de preocupación. La verdad, con el tiempo aprendí a no preocuparme por ellos, igual que ellos no se preocupaban por mí. Si hubiesen querido ya me habrían llamado al móvil. No había rastro de llamadas perdidas.
Dudé un momento en el recibidor y creí que no valía la pena quedarme más en casa. Me di media vuelta y le cerré a mi madre la puerta en las narices. Dentro de dos semanas empezaban de nuevo las clases pero hasta entonces quería divertirme un poco. Llamé a Marisa por teléfono y le pregunté si le gustó la vuelta que nos dio Jack en coche el otro día.
-¡Claro! Pensaba que a ti no te gustó. – Me respondió.
-Tenía el estómago revuelto. – Mentí sin saber por qué.
-Ah. Si quieres puedo decírselo a Thomas, a él también le pirran las carreras de coches.
-Perfecto. ¿Te importa que me lo traiga?
-En absoluto. ¿A qué hora te viene bien?- Me preguntó.
-No tengo nada que hacer. –Fui sincera.
Marga me recogió en la cafetería veinte minutos después, junto con Jack y Thomas. Como ellas habían planeado, Thomas se sentaba al volante. Thomas me guiñó un ojo y Marga me dio dos besos. Jack simplemente me miró de arriba abajo, y sonrió al ver el aspecto que tenía. Nunca me había preocupado mucho por mi apariencia, pero la verdad es que cualquiera diría, y no sin razón, que había pasado la noche en la calle.

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