-Creo que si no me hubieras
llamado en dos días me habría muerto de tristeza. – Me dijo, sonriendo.
-Te quiero tanto… - Le dije sin
hacerle caso.
Esperé un beso, pero lo único
que hizo Jack fue pasarme un mechón de pelo por detrás de la oreja y mirarme
fijamente como quien mira a un pez fuera del agua. Creo que se dio cuenta de
que había estado llorando. No obstante, Jack no quiso decir nada al respecto. Jamás pensé que un estúpido amor de verano provocara mis lágrimas, tan escasas siempre. Me cogió de la cintura y me guió andando hasta la cafetería de enfrente.
Ignoraba la hora que era. Jack me preguntó si me parecía bien ese sitio para
hablar y le dije que sí, pues era el establecimiento más tranquila que conocía. De
hecho, odiaba los sitios en los que hubiera demasiada gente, al
contrario que Marga. Desconocía la opinión de Stef.
-Jack. – Le dije. – Siempre me
he preguntado… ¿cuánto hace que me conoces? Sé que parece tonto, pero
aquel día en la piscina tuve la sensación de que te conocía desde hacía tiempo.
Jack sonrió, sincero, cálido.
-Es cierto, tú y yo nos
conocemos desde hace más, mucho más tiempo que lo que llevamos saliendo. – Hizo
una pausa. - ¿Crees que podrías decirme desde cuándo?
-No lo sé. No tengo la menor
idea. – Respondí.
-Puedo jurarte que en cierto modo me enamoré de ti antes de conocerte en persona. ¿Ya sabes a lo que me refiero?- Hizo una pausa, yo negué con la cabeza y él continuó.- Recuerdo el día en que estaba deambulando por internet, cuando vi tu blog. No recuerdo cómo te encontré, pero al poco tiempo fui enganchándome a ellos hasta el punto de ser adicto a tu lectura. Vivía una utopía de pensamientos obscenos que mezclaban mi realidad con tus relatos, imaginándome que tú y yo éramos los protagonistas de tus cuentos.
-¿Acaso eras tú el que me escribía en todas las entradas...?- Reflexioné sobre ello.- Oh, quizás yo no lo hubiera pensado así; quiero decir, yo apreciaba mucho tus comentarios, pero nunca llegué a enamorarme de ese Jack, me enamoré del de verdad.
-¿Acaso eras tú el que me escribía en todas las entradas...?- Reflexioné sobre ello.- Oh, quizás yo no lo hubiera pensado así; quiero decir, yo apreciaba mucho tus comentarios, pero nunca llegué a enamorarme de ese Jack, me enamoré del de verdad.
-Te entiendo. Sarah, lo que
ahora importa es que te he encontrado y que tú me has devuelto ese amor. – Me
miró a los ojos.
-Jack… ¿por qué razón te paraste
a ver mi blog?
-No lo sé, de verdad. Recuerdo
que estaba leyendo algo y cuando lo acabé sentí la necesidad de leer algo
similar.
-¿Similar a qué? – Pregunté. -
¿Qué fue lo primero que leíste?
-¿Qué importa? Me he leído todos
tus relatos, Sarah, lo sé todo sobre tu vida y he buscado tu dirección por
doquier hasta que la encontré donde fuera. – Exclamó, como si aún estuviera
exhausto por su búsqueda.
-A veces me das miedo; si
hubieses querido me podrías haber matado antes de siquiera conocerme. – Le
dije.
-Todavía estoy a tiempo, ¿no
crees? Aún no me conoces lo suficiente. – Me besó.
Ese beso duró tarde y media de
placer y de éxtasis camuflado entre gemidos. Esa tarde le quise más que nunca y
me culpo por decir esto, porque el amor es a veces demasiado material, tan
físico.
Pero Jack hacía de las caricias
promesas que susurraban. Sus besos
eran eternos, dulces, fríos, pero sinceros. A veces me gustaba que Jack no
fuera demasiado cariñoso porque cada vez que me abrazaba se convertía en un gesto especial. Yo nunca fui demasiado cariñosa, pero esa vez me entregué a él más de lo
que nunca hubiera imaginado, pensando que ese amor sería el único que pudiera
complacerme.
El beso romántico y sincero se
tornó ardiente y desenfrenado. De repente, Jack paró, me cogió de la mano y me
dijo tranquilamente:
-Mejor vamos a otro sitio.
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