El tiempo pasaba y en una semana
volvería al piso en la ciudad para retomar las clases. Al menos Stef y Marga
estarían ahí para consolarme, pero, ¿eran capaces de dejar su relación con sus
respectivos novios? Me imaginé que cada una traía al suyo al piso. ¿De qué
vivían Jack, Thomas y Marc? Al fin y al cabo, ellos tres no eran más que unos
turistas por un tiempo y un día volverían a su país a trabajar o a estudiar. En
ese momento Jack me llamó.
-Sarah, ¿puedo verte en media
hora? Te espero en el Dry Coffe. – Y
acto seguido colgó.
Tres o cuatro segundos más tarde
me levanté de dondequiera que estuviera y me dispuse a cambiarme. Hacía unos
cuantos días que no salía de casa por pereza. Tampoco me aseaba ni me duchaba
desde hacía tres o cuatro días pues pensé que no tenía sentido si sabía que iba
a pasar el día metida en mi habitación, y que en ella no había nadie que
reparara en mi olor. Ese día intenté olvidarme de todo aquello que no me dejó
vivir con normalidad durante este tiempo, pues Jack seguía ahí.
Treintaicinco minutos más tarde
– aquella fue la primera vez que fui impuntual en toda mi vida- estaba abajo en
la cafetería. Jack, que siempre llegaba en el minuto exacto, llevaría cinco
minutos esperándome pacientemente.
-Hola, Sarah. – Jack me dio dos
besos en l mejilla.
-¿Qué ocurre, Jack? – Me temí lo
peor.
-Nada malo, Sarah. Te quiero
igual aunque no nos veamos tan frecuentemente. – me aseguró.
Hubo un pequeño silencio, pues
no sabía si creer o no sus palabras. El amor era muy relativo. Tampoco sabía
qué era lo que Jack sentía por mí. Sin embargo, yo tenía claro que Jack, además
de atraerme físicamente me seducía su forma de pensar, su frialdad, su
sinceridad más pura… Había muchas cosas que me gustaban de él que me envolvían
y no me dejaban salir al exterior. Me refiero a que Jack me tapaba el resto de
cosas pues nada más que él me importaba. A veces cuando estás enamorada dices
cosas sin sentido.
-Quería decirte que estos días
estuve hablando con Thomas y Marc sobre nuestro futuro. No quise decirte nada
antes de estar seguro. – Hizo una pausa, esperando a que dijera algo. Como no
lo hice, prosiguió: - Verás, yo no tengo un trabajo fijo. Thomas, Marc y yo
tenemos una especie de negocio que podríamos continuar aquí o en Dinamarca, eso
no importa, si es lo que estabas pensando.
Creo que Jack nunca había
hablado tanto seguido.
-¿Qué sucede, entonces? –
Pregunté.
-Se suponía que este era un
viaje de vacaciones, improvisado, aunque yo venía con la única intención que ya
conoces. No tenía ni idea de lo que iba a hacer, pero ahora sé que quiero estar
contigo, donde sea. Sin embargo, Thomas me ha contado que las tres vivís en un
piso fuera, que estáis estudiando; Sarah, quizá no debería distraerte durante
el curso.
-No, Jack, quiero estar contigo,
no te vayas. – Respondí.
-Tengo la sensación de que
Thomas y Marc no están del todo a gusto aquí, pero eso no me importa, pues el
negocio podría continuar por internet. – Explicó Jack.
-¿Y bien? ¿Qué es lo que piensas
hacer? – Pregunté con frialdad.
-Quizá me quede aquí, en tu
pueblo, y te espere cuando puedas venir… Pero no quiero que pienses en mí
mientras no estés conmigo, pues intento dejarte libertad para que termines tus
estudios. – Aclaró Jack.
Sus palabras parecían una excusa
para separarse de mí, pero en el fondo yo sabía que lo hacía por mi bien.
-¿Y Marc y Thomas? – Pregunté. -
¿Se quedarían contigo?
-Eso no puedo asegurártelo. –
Respondió.
-Ya, entiendo. Sin embargo, creo
que ellas dos estarían dispuestas a irse a Dinamarca. En el fondo también me
importan mis amigas, Jack. – Le dije.
-Quizás no seas tú la que debas
hablar con ellas, sino Marc y Thomas. Yo tampoco puedo hacer nada. – Se lamentó
Jack.
Nos despedimos y quedamos en que
nos veríamos cada vez que volviese al pueblo.
Por la tarde me llamó Marga. No
me dijo nada de quedar, solo quería hablar conmigo y confesó que prefería
hacerlo por teléfono. Me dijo que se marchaba a Dinamarca, que dejaba los estudios
y que tenía miedo de contárselo a sus padres, por eso lo hacía en secreto. Opté
por decirle que fuese feliz junto a Marc, y que le echaría de menos. Me
preguntó si iba a seguir con la carrera y con Jack, y si sabía algo de Stef.
Pensé que Marga y Stef hablaban entre ellas más que yo lo hacía con ninguna de
las dos, pero no era así; desde aquella tarde en la piscina cada una había
seguido un camino distinto. Le propuse quedar cuando estuviese mejor para
despedirme de ella.
Demasiada información para un día.
Supuse que Stef estaba bien. Jack me envió un mensaje diciéndome que “Marc se
queda conmigo, te quiero”.
Desde hacía un par de semanas,
cada noche dormía menos, hasta el punto de creerme vampiro. Había luna llena y
una pequeña estrella le acompañaba, sonriente. Las nubes pasaban ágilmente bajo
ellas, me recordaron al mar. A veces soñaba con ser tragada por un agujero
negro y otras con caer al vacío y sentir cómo mi cuerpo se deshacía por la
ausencia de gravedad. Me vi sola, aturdida, perdida en mis estudios y con el
fiambre de Stef siguiéndome a todas partes como un cadáver. Las clases en la
universidad me venían grandes, y el piso se convertía en un paraje hostil donde
siempre era invierno debido a que mis padres no me daban dinero suficiente para
pagar la calefacción. Pronto llegó el día en que me vi acorralada en mi
habitación, pues no había espacio suficiente para los apuntes. Al día siguiente
tiré el armario por la ventana…