El lunes me desperté de repente envuelta en sudor. Me di una ducha rápida y desperté a Stef, que
se hizo la remolona.
-Vamos… - Empecé a impacientarme.
Cogí dos galletas del bolso que habíamos comprado ayer y las
engullí por el camilo, mientras tiraba de Stef en dirección a la boca de metro.
Media hora más tarde descansaba tranquila sobre la butaca contigua
a la de Stef, en primera fila. La clase de periodismo de sociedad y cultura fue
amena; la de historia y teoría del periodismo requirió u mayor esfuerzo mental.
Sí, Stef y yo estudiábamos periodismo. La diferencia era que
esa era la vocación de Stef, pero no la mía. Yo simplemente no sabía qué
estudiar; pero mis estudios previos no
estaban muy orientados hacia una carrera científica. Dos años atrás, decidí que
la carrera de periodismo no estaría mal, dentro de las que estaban a mi
alcance, es decir, aquellas carreras cuya nota de corte era más baja que la
mía. Jamás fui una estudiante brillante, pero tampoco sufrí nunca por ello.
La gente en la facultad era muy extrovertida y sociable.
Cada fin de trimestre hacían una fiesta en un colegio mayor, y aprovechaban
cada evento para salir de fiesta. Los que tenían menos que estudiar salían
también los viernes y los jueves de continuo.
La verdad es que yo tampoco aprovechaba demasiado los fines
de semana para estudiar, pero detestaba salir en manada.
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